Monotonía
- Sensiblemarce null
- 30 abr 2024
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En algún lugar cerca de una Ciudad costera una chica se repite “el que no arriesga no gana”, frase que hace muchos años aprendió en las idas y venidas de la ilusión del primer amor que tuvo y que ahora repite para convencerse de arriesgarse por aquello que quiere...
No sabemos qué es lo que quiere y ella tampoco. Lo envía y deja que sea él quien decida el rumbo que tomará su tarde.
La respuesta se hace esperar, pero cuando llega no trae buenas nuevas, así que, con el corazón estrujado, decide ponerle buena cara y continuar con el plan sola. Sola.
Ha pasado demasiado tiempo dándole vueltas a la bebida que alguna vez tomo ahí y que tan bien le supo.
Dando una caminata bajo el sol abrumador sobre las calles pintorescas, con casas llenas de flores, es lo que la lleva al lugar.
Se mantiene alerta, por supuesto, a la espera de que el candor de unos ojos verdes le quite la respiración o el fogonazo de un pelo rubio le haga salir del ensimismamiento, pero por más que mira por todas partes nada extraordinario sucede. Sus pies no fallan, ni lo improbable ni romántico pasa, por más que la vista se haya empeñado en buscar.
Extraños que vienen y van, ninguno como aquel que a la mente mantiene inquieta.
Una vez sentada, con la bebida delante, ya alejada de toda ensoñación y ubicada en la imaginación ya perdida en el pasado, desprovista de esa fantasía en la que la tenía relegada; sorbe de a poco.

Delante de ella la vida continua. Los carros se suceden en dirección izquierda, mientras mira a través del cristal queriendo demostrar una profundidad de existencia de la que muchas veces carece.
Cada pocos minutos alza la mirada con la excusa de tomar un sorbo de la terrible bebida, pero en realidad solo quiere comprobar si al final su parecer ha cambiado y que por azares de la vida llegará a aparecer. Pero se equivoca cada una de las veces. Una vez mas se ha resignado, la mirada se queda ida tratando de darle sentido a las palabras que conforman las paginas del libro que tiene delante. Sus fantasías se cristalizan, alrededor las personas hablan, y pasan como estrellas fugaces, se pierden en el mar, se ahogan.
De pronto un toque en su espalda la hace rebotar en su asiento, es su tía, que trabaja ahí desde que tiene memoria.
-¿Qué haces aquí? - le pregunta su tia mientras le aprieta la espalda. Por consiguiente la sobrina se levanta y la abraza. Es un abrazo lleno de sentimiento. Y no alcanza a saber por qué se siente como la culminación de todos los pensamientos que han ido creciendo como cizaña a lo largo de la tarde. Se abrazan como si el mundo estuviera a punto de terminar, al separarse su tía le aprieta el rostro y a la sobrina se le saltan las lagrimas, pero sonríe. ¿De qué serviría contar todo lo que la quema por dentro? Para qué darle más vueltas a lo que ni ha nacido.
-Pórtate bien.- Dice la tía. - Bueno, te dejo.
-¿A dónde vas?
-Por tu primo. Luego nos vemos.
Y se vuelven a abrazar.
Naturalmente eso se ha salido del plan que tenía para aquella tarde y el buen sentimiento le entra al cuerpo. Pero mientras, el corazón le late fuerte y ese instante se queda guardado entre ellas dos.
De nuevo afuera del lugar retoma su camino, los pies no fallan, las flores se tienden en el suelo, los árboles bailan de un lado a otro, la mirada navega sin buscar nada ya. En otro momento será.
En algún lugar en las mismas calles, el sujeto camina hacia dónde ella le ha dicho que se encontraría. Despreocupado, como si los años no se desprendieran de sí mismo como las hojas de los arboles en otoño, como las gotas de lluvia de la nube.
No le ha dicho nada, quiere sorprenderla. Encender la luz que vio en sus ojos la primera vez que se vieron.
La ve antes de que cruce la puerta, ella ni siquiera lo nota. Se ve en paz leyendo lo que sea que lee, ¿y quién es él para quitarle eso después de haberle dicho que no podría verla? Da un paso hacia atrás y vuelve a mirar en su dirección, rogando que su presencia no la haya perturbado. Da un paso más, aquel que marcará la distancia entre ellos dos, aquel que no los hará coincidir en mucho tiempo, el que lo obliga a tomar el camino por el que ha venido.
Tal vez en otro momento, en otra vida.




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